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LA TANATOLOGIA

Hoy en día, está muy de moda hablar de tanatología, sin embargo, todavía hay quien nos pregunta: "¿Qué es eso?"


Pues bien, el término tanatología en muchas ocasiones es entendido tan solo como la ciencia para "el bien morir", no obstante, para que podamos morir bien antes tenemos que haber vivido correctamente.


Existe una marcada tendencia de aplicarlo exclusivamente a los enfermos terminales, pero ¿te has puesto a pensar que todos nosotros somos terminales? ¿Enfermos? Quizá si, tal vez no, pero terminales, definitivamente "Sí". Ya lo men­ciona el Padre José Luis Martín Descalzo en uno de sus libros "Cuando las mujeres dan a luz, dan a luz aprendices de muerto pues ésta es la gran certeza de todos, que algún día vamos a morir". Nadie sabe ni el día ni la hora, pero todos sabemos que ese día llegará.


Para comprender mejor esto, va­yamos al Antiguo Testamento y lea­mos la historia de Abraham, consi­derado el padre de la fe. Veamos lo siguiente, Abraham y su esposa Sara por ser personas de edad avanzada no podían concebir un hijo, a pesar de que le habían suplicado mucho a Dios. No debemos olvidar que para el pueblo judío tener un hijo era sumamente im­portante, representaba la trascen­dencia de una persona. Y un día Dios se los concedió, cumplía su mayor anhelo, llenán­dolos de felicidad. No es difícil ima­ginar tanta dicha así como a ti o a mí, en alguna ocasión y por algún motivo, Dios nos ha otorgado una gracia especial que nos ha hecho sentir los hombres más felices del mundo.


El relato continua:

Un día Dios le pide a Abraham que le entregue la vida de su único hijo en sacrificio.


Abraham no duda y lleva a su hijo Isaac al monte para sacri­ficarlo y obedecer la voluntad de Dios. Pero luego Dios al ver que realmente su fe era grande, se lo impide y manda un ángel que lo detenga.


A nosotros también Dios nos ha dado todo lo que Él ha considerado bueno para nuestra salvación tales como: cualidades, dones y herra­mientas necesarias para cumplir con nuestra misión en esta vida. Pero ¿Quién dice que nos las dió para siempre? Él es nuestro creador y, por lo tanto, sabe lo que nece­sitamos y en que momento dárnoslo llamemos a esto salud, trabajo, bienestar, enfermedad, dolor, sufrimiento o la muerte misma ya sea la nuestra o la de un familiar tan cercano o tan lejano como Él quiera.


Todo tipo de pérdida nos afecta de muy distintas maneras y todos reaccionamos a ellas de diferentes formas y actitudes. Los sentimientos de dolor perduran por un lapso mayor del que permite la vida en sociedad por lo general; los amigos más cercanos esperan que volva­mos a la "normalidad" en unas cuantas semanas después de una pérdida, pero el vivir con una pérdida nos es tan fácil. Algunas veces las negamos, otras nos de­sesperamos y la mayoría de las veces se nos hace muy difícil entenderlas y sea cual sea la pérdida ésta nos deja huella y re­quiere de un tiempo de duelo indispensable para la recuperación de esa pérdida.


Tenemos la creencia de que pérdida sólo es la vida; sin embargo, existen muchas pérdidas a lo largo de nuestra vida, y pueden ser :de salud, dinero, espiritual o social.

Para todas estas pérdidas necesitamos estar pre­parados y darles un sentido para que nuestras vidas no caigan en un vacío. La vida es una prueba a la que toda persona está sometida desde el mismo instante de su concepción y se nos manifiesta como una constante ineludible en nuestro devenir cotidiano.


Recordemos esto:

"La prue­ba se nos presenta, la podemos rechazar, pero no podemos dejar de vivirla"


El cómo lo hagamos ya es otra cosa, que puede aliviar o aumentar la carga; es siempre una decisión del ejercicio de nuestra voluntad, con o sin razón, pero siempre en libertad.


El dolor y el sufrimiento han de acompañar al hombre a lo largo y a lo ancho de su vida, coexistiendo con él en el mundo. La prueba, el sufrimiento, el dolor y la tentación sólo se han de esclarecer a la luz de la Cruz redentora, madero que acuñó al Salvador, Misterio de amor.


La Tanatología ayuda a la razón a entender de alguna forma la pér­dida, a detectarla, a aceptarla y a seguir viviendo con ella a través de un duelo bien elaborado. Dios nos da la fuerza para seguir adelante, nosotros tenemos los medios de perseverancia que nos da la fe, sabemos que a través de la oración y de la vida sacramental le encon­tramos un sentido a nuestras pér­didas, que ellas implican un valor redentor.


Sabemos que podemos y debemos llevar a otros a que en­cuentren el consuelo y la fuerza necesaria para seguir adelante en la misión que El nos ha encomendado.




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